Zuleijá abre los ojos Guzel Yájina

 

Zuleijá es una joven tártara a la que le ha tocado vivir durante la difícil época posterior a la Revolución rusa. Cuando comienza la narración, vive con su marido, un campesino tártaro severo, brutal y bastante mayor que ella y con su no menos severa y déspota suegra. La vida de Zuleijá es inhumana, pero asumida como natural por la fuerza de la tradición. Poco después del inicio de la novela, son acusados de contrarrevolucionarios por el envidioso jefe local y, tras el asesinato de su marido, es deportada a Siberia, pasando antes por la terrible cárcel de Kazán. En el trayecto hacia Siberia, Zuleijá conocerá gentes diferentes que le harán cambiar la percepción que hasta entonces tiene, del mundo y de sí misma.

El ritmo lento que Yájina imprime en un principio a la novela concuerda con el abotargamiento en que viven sus personajes, presos de una mísera y ancestral brutalidad que les impide ver más allá de sus pequeñas circunstancias, cuando en su propio país se están operando unos cambios que afectarán decisivamente en sus vidas. Buena prueba de ello serán las férreas normas impuestas por los pseudorrevolucionarios, serviles lugareños que aprovecharán los vaivenes de la Revolucón para enriquecerse a costa de sus propios vecinos; militares obligados a ejercer un poder absurdo e inhumano sobre sus prisioneros. Per todo esto cambiará cuando queden aislados durante una larga temporada y el trato forzado y cotidiano entre ellos les despierte contradicciones difíciles de resolver. En unos, el sentido de la responsabilidad hacia sus semejantes se impondrá al del ciego cumplimiento de las lejanas órdenes. En otros, la lucha por la supervivencia les hará aflorar escondidos recursos que les permitirán sobrevivir a la dureza del medio.

En cuanto a los personajes, la descripción de los cuales es bastante neutra al principio, poco a poco va humanizándose y sus rasgos adquieren matices más cálidos y próximos al lector. El aislamiento siberiano favorecerá el acercamiento y es a partir de aquí que el retrato psicológico embellece el relato, hasta el punto que el lector puede vibrar con el crepitar del fuego en la fría noche siberiana o percibir el olor del urogallo, pobre y apetitosamente cocinado.

Guzel Yájina nos ofrece una visión interesante y nada idealista del proceso de creación de la URSS, poniendo el énfasis en la gente corriente que tuvo que llevar a cabo tamaña empresa, con más o menos convicción, pero con un innegable sentido de la realidad, que les obligó a luchar con todas sus fuerzas con el objetivo de crear una nueva vida.

La edición de Acantilado está bastante cuidada. Ofrece mapas al principio y un interesante glosario de palabras y expresiones tártaras al final. También aparece una breve reseña sobre el tártaro, una lengua minoritaria y no por ello digna de menos respeto, entre las que así luchan por coexistir en nuestro babilónico planeta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s